Desde el siglo XVI miles de holandeses vivían en el fondo de lo que anteriormente fueran lagos. Se construyeron algunos molinos para drenar la tierra y mantenerla seca. Durante cinco siglos, los molinos de viento fueron la principal fuente de poder en Holanda. Los molinos de viento siguen siendo todavía hoy un elemento importante en la canalización y el control de aguas en los Países Bajos.
En el siglo XVII la invención de las construcciones en forma de cigüeñal hizo posible el aprovechamiento de la energía eólica con fines industriales. Cientos de molinos de viento fueron empleados en la industria papelera y en la del color dando origen a la primera zona industrial en el mundo.
De los casi 10.000 molinos de viento que Holanda poseía hace 150 años hoy en día sólo permanecen 1.000. Afortunadamente estos monumentos vivientes gozan de protección en la actualidad y algunos de ellos están abiertos al público en horarios determinados.